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En 2025, la economía de Arequipa creció 2.3% —su mayor tasa en tres años— y la región logró reducir su pobreza a 12.8%, la cuarta más baja del país, impulsada por el dinamismo del empleo formal (+5.7%). Sin embargo, los ingresos laborales aún no recuperan el nivel prepandemia, la informalidad supera el 63% y más de 51 mil jóvenes permanecen sin estudiar ni trabajar.
Avances del empleo y la clase media
Según la Enaho, el empleo total (formal e informal) en Arequipa creció 2.6% en 2025. El empleo formal asalariado lideró el crecimiento del 2024 (+5.7%), impulsado por servicios, comercio y manufactura. Con ello, el empleo adecuado —arequipeños que trabajan al menos 35 horas semanales y perciben ingresos suficientes para cubrir la canasta básica de su hogar— alcanzó el 71.5%, el tercer mayor resultado entre las regiones del país y muy por encima del promedio nacional (56.8%). Este dinamismo impulsó a la clase media arequipeña —definida como personas con ingresos superiores a S/1,066 mensuales—, que se incrementó del 44% al 48% de la población entre 2024 y 2025, por encima del resultado nacional (34%).
Arequipa: Población según nivel socioeconómico, 2004-2025*
(% de la población)

*/ Umbrales según definición del Banco Mundial en $ del 2021 en paridad de poder adquisitivo: Clase pobre vive con menos de US$8.3 por día, vulnerables entre $8.3 y $17, y clase media con más de $17.
Fuente: INEI-ENAHO. Cálculos IPE.
Arequipa: Ingresos mensuales promedio por condición laboral, 2015-2025*
(S/ de Lima Metropolitana del 2025)

Fuente: INEI-ENAHO. Cálculos IPE.
Empleo juvenil e informalidad: brechas persistentes
Pese a estos avances, la clase media en Arequipa sigue por debajo del 53% que logró en 2019, pues los ingresos laborales aún no se recuperan: el ingreso mensual promedio fue S/2,514 en 2025, 4.8% menos que en 2019 en términos reales, y la brecha es mayor en el sector formal, donde cayeron 8% (de S/4,079 a S/3,753).
Detrás de esta recuperación incompleta está la persistencia de la informalidad. El 63.7% de los trabajadores arequipeños son informales, cifra que alcanza el 70% entre los jóvenes de 15 a 29 años. La consecuencia económica es directa: un trabajador informal de Arequipa percibe en promedio S/1,771 al mes, menos de la mitad que uno formal (S/3,753). A ello se suma que el 15.1% de los jóvenes no estudiaba ni trabajaba en 2025, aún por encima del nivel prepandemia (13.6%).
El debate electoral que falta
Con miras a la segunda vuelta electoral, el IPE analizó los planes de Fuerza Popular (FP) y Juntos por el Perú (JPP) en materia laboral. FP plantea un esquema subsidiado de salud para jóvenes en MYPE, un observatorio de demanda laboral y una ventanilla única electrónica para reducir los trámites de formalización. JPP propone 10 mil plazas de prácticas en el sector público, —sin precisar duración, requisitos ni fuentes de financiamiento—, una cifra que equivale al 2% de los 459 mil jóvenes desempleados a nivel nacional y no alcanzaría ni para cubrir los 15 mil de Arequipa. Además, propone un Instituto Nacional por la Empleabilidad, sin explicar qué haría este organismo que las instituciones existentes no puedan. En materia tributaria, plantea eliminar, vía nueva Constitución, los regímenes que considera favorables a las grandes empresas, sin ofrecer un esquema alternativo claro. Lejos de simplificar, esta medida elevaría la incertidumbre jurídica precisamente para empresas de menor tamaño que más necesitan incentivos para contratar formal.
A ello se suma que JPP propone sustituir la inversión privada por empresas públicas y planificación estatal, en contradicción con la evidencia: los períodos de mayor inversión privada son los que explican las mayores caídas en pobreza y el mayor crecimiento del empleo formal. Reducir la vulnerabilidad de los hogares arequipeños y continuar ampliando la clase media exige un entorno predecible que incentive esa inversión privada y el empleo formal. Sin ello, las promesas de empleo de calidad simplemente no son sostenibles.